Por los suelos ...
Así es como acabo siempre con las orquídeas silvestres... Estas diminutas plantas me obligan a buscarles las vueltas para sacar alguna foto de la que pueda estar medianamente satisfecho. Hoy os presento tres de mis formas favoritas de retratarlas:
1 - Usar un teleobjetivo largo con aros de extensión. Este método nos obliga a situarnos relativamente lejos de la orquídea, lo que permite un punto de vista bajo (sensación de estar al mismo nivel de la planta). También reduce mucho la profundidad de campo y permite jugar con desenfoques en el primer plano, que se pueden buscar interponiendo otras plantas u objetos en medio. En la fotografía de estas Serapias lingua, el toque especial lo acaba de dar la iluminación en ligero contraluz suavizada con un paraguas blanco.

2 - Emplear un gran angular para integrar la planta en su hábitat. El gran angular nos permite acercarnos increíblemente a la planta manteniendo una gran profundidad de campo y un gran control de la composición, elevando o bajando el horizonte con una pequeña variación de la altura a la que situamos la cámara y su orientación. En esta fotografía empleé además un filtro polarizador para oscurecer el cielo y añadirle algo de saturación y un flash de relleno para las sombras que provocaba el sol sobre la orquídea.

3 -Trabajar con un objetivo macro con diafragmas muy abiertos y planos cerrados (en este caso sólo tres flores de Ophrys lutea). Esta configuración conlleva una profundidad de campo muy escasa que en sí no es buena ni mala... A mi me encanta porque permite centrar la atención en un área concreta de la foto e insinuar el resto, pero obliga a un gran control del plano de enfoque para asegurar que los elementos importantes quedan nítidos.


